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Notas Sección de Economía Extraña (La desigualdad: en la riqueza y en la pobreza) del Podcast Días Extraños

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DIAS EXTRAÑOS: LA DESIGUALDAD EN LA RIQUEZA Y EN LA POBREZA

Podcast: https://www.ivoox.com/economia-extrana-desigualdad-audios-mp3_rf_24371341_1.html

Uno de los aspectos más interesantes del análisis económico es la desigualdad de la riqueza o lo que es lo mismo, cómo se distribuye la riqueza entre la población. La riqueza en cuanto a la desigualdad se refiere a las rentas del trabajo, intereses de cuentas bancarias, dividendos por acciones, otras rentas provenientes de diferentes activos y los beneficios por vender algo más caro de lo que lo compraste. La desigualdad mide la brecha entre los más ricos y los más pobres y esta brecha no ha parado de crecer en los últimos 30 años.

El principal medidor de la desigualdad es el índice de Gini, desarrollado por el economista italiano Corrado Gini. Es un número entre 0 y 1 donde el 0 es la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos y el 1 es la perfecta desigualdad (una persona tiene el 100% de los ingresos y el resto, nada). Los países pueden ser clasificados por este índice. Así, por ejemplo, los países nórdicos como Noruega, Suecia o Islandia suelen presentar las menores desigualdades con índices que rondan el 0,26 más o menos. La Unión europea presenta un índice del 0,30 estando en el puesto 26 en el año 2012. Uno de los farolillos rojos es China que, aun siendo un país declaradamente comunista, presenta un índice de 0,61 y es uno de los países con mayor desigualdad del mundo seguido por Sudáfrica en los puestos 154 y 155. Y supongo que nuestros oyentes se preguntan que dónde está España. Bueno, pues para encontrar a España hay que bajar hasta el puesto 58 del mundo que presenta in índice de 0,35. Es junto a Portugal el país con mayor desigualdad de la Unión Europea. De hecho, los puestos siguientes a España los ocupan Sudán, Argelia y Jordania.

Aunque el índice Gini es el más conocido, hemos de recordar que mide la desigualdad independientemente del nivel de riqueza, lo cual implica que los países muy pobres pueden ser muy igualitarios simplemente porque la pobreza está muy bien distribuida. Así, en el puesto 21 se nos cuela Kazajistán o Pakistán en el 24 y Tayikistán en el 28. Respecto a los países iberoamericanos, tenemos que bajar al puesto 53 (un poco por encima de España y Portugal) para encontrar a Nicaragua y el 54 para Uruguay. Argentina ocupa el 100 con un índice de 0,41 y México el 123 (un puesto por detrás de Estados Unidos) con índices de 0,47. Por lo tanto, por continentes observamos que Europa es el continente más igualitario y África y América (excepto Canadá, Nicaragua y la Guayana francesa, que pertenece a la UE) los continentes en que los ricos son más ricos y los pobres más pobres.

Sin embargo, existe un índice un poco más elaborado denominado (IHDI) o Índice de desarrollo humano ajustado por la desigualdad. Este índice tiene en cuenta la expectativa de vida, la educación y la renta per cápita y cómo la desigualdad influye en los mismos. De nuevo, los países nórdicos como Noruega e Islandia encabezan el ranking viniendo a continuación el resto de países europeos. España en este ranking mejora bastante ascendiendo hasta el puesto 22 y Estados Unidos hasta el 19 (en este caso, los datos son muy recientes de 2016). No obstante, de nuevo hay que bajar hasta el puesto 42 y 43 para encontrar los primeros países Iberoamericanos (Argentina y Chile). Lo últimos puestos los ocupan los países Africanos subsaharianos. Observamos que la existencia de desigualdad y el impacto que la desigualdad tiene en la esperanza de vida, educación y renta son muy desiguales. España, por tanto, aun siendo un país con grandes desigualdades, el impacto que esta desigualdad tiene en empeorar estas variables no es muy significativo. Sin embargo, la desigualdad en el África subsahariana es realmente una merma para el bienestar de sus habitantes.

Para ver la foto real de este fenómeno, vamos a aplicar un indicador más denominado el índice de progreso social o (SPI) que mide hasta qué punto los países cubren las necesidades sociales y del entorno de sus habitantes. Este indicador incluye el nivel de bienestar, igualdad, inclusión, sostenibilidad y libertad y seguridad de las personas. De nuevo, los países nórdicos permanecen imbatibles en los primeros puestos (Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega) seguidos de los países europeos más Canadá, Australia y Nueva Zelanda. España mejora notablemente ocupando el puesto 16 seguida por Japón y Estados Unidos. Uruguay como primer país iberoamericano ocupa el puesto 31 y Argentina el 38. De nuevo, los países africanos subsaharianos cierran la lista.

Por lo tanto, observamos que, aunque la desigualdad existe, no afecta de igual modo a todas las sociedades. ¿Y esto por qué? Bueno, vamos a intentar despejar algunas dudas.

El gran fenómeno de los siglos XX y XXI en relación a la población humana es la emigración. La gente emigra del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Los latifundios (que es una variante de la desigualdad) empujan a los pequeños campesinos hacia la emigración. La ausencia de políticas agrícolas de apoyo a pequeños agricultores empobrece el mundo rural y generan grandes desigualdades.

Otro problema derivado también del anterior es que cuanto más pobre eres, más difícil es salir de la pobreza y, aunque la educación es la clave para salir de la pobreza, para una familia muy pobre, invertir en educación es caro y la mejora que los hijos obtienen a niveles educativos primarios es muy pequeña o casi inexistente por lo que sus incentivos a mejorar la educación de los hijos son muy bajos. De este modo, la pobreza se hereda de padres a hijos y a nietos. Si estas familias trabajan para un latifundista, este tendrá cero incentivos a mejorar sus condiciones de vida que podrían privarle de una mano de obra barata, inculta y, por tanto, cautiva. En los países en que los niños no pueden ir al colegio tanto porque los gobiernos no imponen una política de educación obligatoria o porque son mano de obra necesaria para la subsistencia de la familia o ambas cosas (que suele ser lo más común), la desigualdad afecta de manera más que significativa a la pobreza.

Aquellos países que realizan reformas agrarias hacia la igualdad de oportunidades consiguen que la desigualdad afecte a la pobreza en menor grado. Los niños, hijos de padres pobres tanto en el medio rural como emigrantes a las ciudades que se benefician de políticas públicas de inversión en educación incrementan exponencialmente sus posibilidades de abandonar la pobreza.

Otra cuestión interesante es ¿el crecimiento económico disminuye la desigualdad?  Pues los últimos estudios demuestran que en los países más pobres, el crecimiento económico puede no sólo no disminuir la desigualdad sino incrementarla (esto sí que parece economía extraña). Si el crecimiento económico se da fundamentalmente en las ciudades, la inmigración desde el campo genera bolsas de pobreza de trabajadores sin formación. De este modo, simplemente hemos trasladado el problema del campo a la ciudad (pensemos en las favelas de las grandes ciudades brasileñas). Sólo cuando se alcanzan altos niveles de industrialización empieza a disminuir la desigualdad al homogeneizarse el mercado de trabajo.

Además, existe un vínculo muy claro entre desigualdad social y enfermedades. En España el 55% de las mujeres con ocupaciones no cualificadas declaran un buen estado de salud frente al 85% de los hombres de clase social alta. Dependiendo del barrio en el que se viva, hay una diferencia de casi ocho años en la esperanza de vida en Sevilla y de siete años en Madrid. Estar en paro multiplica las posibilidades de sufrir trastornos mentales, también entre quienes tienen dificultades para pagar la hipoteca. En la ciudad de Barcelona, se registra un 15% más de muertes asociadas al tabaquismo entre la población con menor nivel educativo. En las mujeres, la probabilidad de padecer problemas crónicos de salud aumenta un 80% entre aquellas situadas en la clase social más desaventajada. “Nueve de cada diez personas con problemas con la hipoteca sufren problemas de salud mental frente al 12% del resto de la población”.

Para saber más:

https://scholarworks.umass.edu/cgi/viewcontent.cgi?referer=https://duckduckgo.com/&httpsredir=1&article=1004&context=dissertations_2

https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/rankorder/2172rank.html

http://www.hdr.undp.org/en/content/inequality-adjusted-human-development-index-ihdi

http://www.socialprogressindex.com

https://elpais.com/elpais/2016/02/16/ciencia/1455647122_769098.html

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