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10 diferencias entre un Consultor y un Académico

Son muchos los profesionales de la consultoría que se decantan, generalmente tras varios años de experiencia, por hacer un doctorado. En mi experiencia habiendo dirigido dos tesis ya finalizadas y dirigiendo otras dos de personas con este perfil, he pasado junto a ellos por el proceso de remodelar las ideas, estilos y expectativas de estos doctorandos. Sus características suelen ser muy similares: profesionales con gran dominio de su sector, orientados a la búsqueda de soluciones, hombres y mujeres de trinchera, es decir, que su día a día es bregar con problemas reales y tangibles de la empresa y con gran tendencia al pragmatismo en el presente.

Su llegada al mundo académico conlleva un cambio de perspectivas no exento de experiencias que rozan la decepción. Escribir un artículo académico o una tesis no es lo mismo, de hecho se parece poco, a escribir un informe de consultoría o “report”. Por eso hay una serie de diferencias que he resumido en 10 y que no pretenden ser exhaustivas y que, una vez conocidas, pueden clarificar algunos aspectos con los que tropiezan los “doctorandos consultores”. Son las que describo a continuación:

1) Bibliografía utilizada: Los consultores hacen”reports”, los investigadores hacemos “papers”. Los consultores citan “reports”, los investigadores citan “papers” y reports sólo en casos muy específicos.
2) Modelo, modelo, modelo: Los consultores tienden a cubrir aspectos amplios con aspectos generales, los académicos analizamos modelos específicos, a veces muy específicos, incluso casi insignificantes para lo cual definimos modelos de relaciones entre variables.
3)  Escalas: Los consultores analizan problemáticas para generar soluciones, los académicos analizamos constructos, que no son sino unidades multidimensionales que tratan de definir un concepto generalmente muy abstracto. Por ejemplo, un constructo es la estrategia o la flexibilidad de una empresa. Para medir estos constructos utilizamos escalas que deben, o bien haber sido validadas en estudios previos, o bien ser validadas con análisis de fiabilidad y robustez, entre otros.
4) Teoría: todo modelo ha de ser sustentado por la teoría. Los consultores en muchas ocasiones obvian la teoría a favor de lineas de actuación o antecedentes previos. Los académicos tratamos de construir teoría a través también de los estudios empíricos. Eso no quita que a veces las teorías sean refutadas o incluso sustituidas por el surgimiento de un nuevo paradigma, pero esto suele ser un proceso lento no exento de polémicas en el seno académico. No se suele conseguir con la publicación de un artículo.
5) Explicación: Los académicos tratamos de explicar relaciones. Los estudios pueden ser explicativos (explicar un fenómeno existente) o exploratorios (iniciar una linea de investigación analizando relaciones entre variables) pero siempre desde una base teórica. Los consultores se basan generalmente en “reports” previos sobre evidencias pero no teoría.
6) Estilo académico: Los académicos nos apoyamos en estudios previos contrastados y publicados en revistas científicas (preferentemente de impacto) y nos ceñimos al modelo propuesto haciendo aportaciones, a menudo pequeñas, al “estado del arte”. Generalmente, nuestros estudios no suelen tener resultados o conclusiones excesivamente ambiciosas. No nos gusta saltar de unos conceptos a otros si estos últimos no son relevantes y en en los papers ha de haber una relación clara y un hilo conductor (es fundamental establecer los límites de la investigación). Los consultores abarcan en ocasiones aspectos muy amplios y citan relaciones con variables externas con el objetivo de dotar de mayor relevancia a sus posturas o recomendaciones. Los académicos rehuimos de eso, no porque sea algo malo, sino porque la ciencia nos exige que cada afirmación esté perfectamente justificada.
7)  Aplicación: Los consultores están para dar soluciones a sus clientes a problemas específicos. Los académicos estamos para explicar la realidad y, como mucho, recomendar sobre comportamientos o acciones deseables hacia un óptimo más o menos conocido. Los “reports” dan respuesta a demandas específicas. Los “papers” tratan de construir teoría y como mucho pueden incluir algunas recomendaciones para “practitioners” que difícilmente podrían considerarse como respuestas específicas.
8) Público: Los consultores se dirigen a las empresas y empresarios en un lenguaje técnico pero orientado a ese público objetivo. Los académicos nos dirigimos a académicos en un lenguaje estándar preestablecido y modelado por las revistas y la comunidad científica. No hay cabida para la lírica en la literatura académica.
9) Grandilocuencia: Los “reports” pueden ser (aunque no todos) grandilocuentes, a veces con títulos muy sugerentes y atractivos. La gradilocuencia en los “papers” es muy arriesgada. Los títulos hacen referencia escueta y directa al contenido del paper, sin edulcorantes.
10) Diversión: La lectura de un “report” puede ser amena, inspiradora e incluso divertida. Los “papers” pueden ser como mucho inspiradores, pero la estructura está perfectamente definida (Introducción, Revisión teórica, Metodología, Resultados y Conclusiones) y siempre es así. Además, el resumen o “abstract” del principio puede (de hecho debe) incluir spoilers, o sea, es como si en una novela de misterio, en la primera página ya te dijeran que el asesino es el mayordomo. No hay espacio para el suspense.
El proceso de conversión es difícil pero posible. Mucho ánimo a todos, directores de tesis y doctorandos consultores…